Capablanca Dijo:

"Cuando ustedes ven una posición, se preguntan qué puede suceder, qué sucederá. Yo lo sé."

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Vida y Obra de Capablanca

Por: Jesús González Bayolo

CINCO TORNEOS

Tan Solo cinco torneos jugó en el período de su reinado. En ellos ganó 42 partidas, entabló 36 y perdió tres. Triunfó en Londres-22, pero quedó segundo en Nueva York-24 (detrás de Lasker) y tercero en Moscú-25 (detrás de Bogoljubow y Lasker), mientras ganaba Nueva Jersy-26 y Nueva York-27, en el que Aliejin quedó segundo y según lo dispuesto por Capablanca, ganó el derecho a retarlo. Este pudiera considerarse el primer Torneo de Candidatos, ya que el campeón dijo que quien lo ganara sería su retador, y en caso de que él mismo triunfara, entonces quien quedara inmediatamente detrás.

CAÍDA DEL ÍDOLO

En Buenos Aires (1927) se disputó el histórico duelo. Alexander Aliejin, ruso-francés y de ahí la derivación de su apellido a Alekhine, se impuso seis por tres con 25 tablas. Tal match poseía diversos récords, que fueron quebrados en el célebre primer pleito Karpov-Kasparov (1984), que se extendió a 48 cotejos. No previó Capablanca el real desenlace y pasó por alto reglamentar la obligatoriedad del derecho a revancha, por lo que pasó el resto de su existencia añorando una oportunidad para reconquistar la corona. Miguel Najdorf dijo a los redactores sobre este tema: “Capablanca subestimó a Aliejin. Ese match no lo ganó Aliejin, lo perdió Capablanca, porque olvidó que Aliejin también era un gran jugador”.

DE NUEVO AL COMBATE

Si como campeón mundial jugó nada más que cinco torneos, en los dos primeros años sin corona intervino en siete, ganando cinco de ellos y ocupando la segunda plaza en los restantes. Sus demás actuaciones en la década del 30 fueron sobresalientes, hasta llegar a AVRO (1938), Sus peores ubicaciones habían sido dos cuartos lugares, y dos terceros: todos los demás, de por vida, primero o segundo. Pero en la citada lid holandesa se sabe que compitió enfermo. Aun así, declinó retirarse y completó el torneo ganado dos partidas, con cuatro derrotas y ocho tablas, para el séptimo escaño entre ocho participantes.

ORO OLÍMPICO

Su hoja de servicios en la arena internacional cierra por todo lo alto, con oro en el primer tablero en la VIII Olimpíada, Buenos Aires-1939. Fue el debut de Cuba en tales citas y Capablanca concluyó invicto. En la fase final, única valedera para los premios individuales, ganó seis y entabló cinco, para 8,5 de 11, el 77 por ciento de rendimiento. El campeón Aliejin le siguió en porcentaje con 75 (7,5 de 10). Sin precedente, ni todavía igualado, fue el aplauso que por varios minutos recibió Capablanca en el desaparecido teatro Politeama, cuando lo premiaron con la medalla de oro. Era el ídolo del Torneo de las Naciones y de toda Argentina. De los muchísimos elogios en la prensa de la época, escogemos este: “Buenos Aires no se ha enterado de que Capablanca ha perdido el Campeonato del Mundo, aunque lo haya perdido en nuestra ciudad. No se ha enterado porque no quiere enterarse, y esa es la razón por la cual no se enterará jamás”.

VIDA ENTRE DOS GUERRAS

El mismo día que comenzaría la final de la Olimpíada, la svástica nazi cayó sobre Polonia. Aliejin se negaba a concederle la revancha, ahora alegando compromisos con el ejército francés -como traductor-, pero de todos modos el mundo no estaba como para deleitarse con las bellas artes (incluimos el ajedrez). Así que José Raúl, que vio demorada la conquista del cetro por la primera conflagración bélica, murió en plena II Guerra Mundial con un sueño dorado por realizar, el de ser otra vez campeón.

EPÍLOGO SOBRE EL TABLERO

Tuvo su epílogo sobre el tablero en La Habana (1941), en una serie ideada por el célebre pintor Esteban Valderrama, su amigo personal y para quien único posó. Consistió en jugar dos partidas contra tres ajedrecistas cubanos que se ganaron ese derecho en un torneo clasificatorio. Capablanca ofrecía la salida y el peón de f7 de ventaja. Le ganó las dos a José Fernández León, le ganó una y entabló la otra con Rafael Blanco y entabló las dos con Rosendo Romero.

EL FIN

El ocho de marzo de 1942 dejó de existir en Nueva York, y al decir del ya fallecido historiador y AI Carlos A. Palacio, Capablanca murió como debía, acaso como quisiera, frente a un tablero de ajedrez. Había caído en estado de coma la noche anterior, cuando presenciaba una partida entre dos aficionados en el Manhatan Chess Club. Al enterarse de la noticia, Aliejin declaró consternado “Ha muerto el más grande ajedrecista de todos los tiempos. Jamás volverá a nacer otro igual”.

¡QUÉ RÉCORD!

Su récord de por vida es como sigue: jugó 37 torneos, seis matches y nueve series. Ganó 22 torneos y fue segundo en otros 10. Ganó cinco matches y perdió uno. Ganó siete series y entabló dos. De 619 partidas oficiales, ganó 315, entabló 266 y sólo perdió 38 para un altísimo 72,4 por ciento de efectividad. Hizo numerosos aportes al ajedrez, tanto en la teoría como en el reglamento y es quien más cerca ha estado de la perfección en el noble juego, lo que le llevó a crear un ajedrez superior con dos nuevas piezas (canciller y arzobispo) en tablero de 80 casillas. Se mantuvo ocho años invicto, entre 1916 y 1924. Entre sus ideas más avanzadas destaca la de promover el ajedrez como materia oficial en las escuelas. Perteneció al cuerpo diplomático, pero sobre todo fue el mejor embajador de Cuba por su genio ajedrecístico y por su recia personalidad.

¿DÓNDE ESTÁ?

Volviendo a la pregunta de Guillén, hoy responderíamos que sus restos reposan en el cementerio de Colón, en La Habana, donde se levanta un majestuoso Rey de mármol, obra del escultor Florencio Gelabert. Pero además, Capablanca está en el desarrollo del ajedrez cubano, que cuneta con 12 los Grandes Maestros graduados a partir de Silvino García en 1975. Está en la labor que desarrolla el Instituto Superior Latinoamericano de Ajedrez (ISLA) . Y claro, de acuerdo con Nicolás Guillén, Capablanca sigue ejerciendo su gobierno en las calles del mundo.

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